Addicted I
viernes, 12 de febrero de 2010
Ella caminaba como una bailarina. Su pelo castaño caía en forma de cascada tras su espalda formando pequeñas ondas en sus puntas. Se movía con agilidad, esquivando las mesas y llevando en su mano la bandeja sin que se le cayera ni una gota del líquido de las tazas. Me sorprendía la habilidad que tenía. Cada vez que ella llegaba a una mesa para atender a las personas sentadas en ella, sonreía cálidamente y hablaba con respetuosidad. Sus ojos color miel brillaban todos los días de una forma tan especial. Sus mejillas estaban cubiertas por unas tiernas pecas que se dejaban ver con claridad los extraños días de sol. Ya se había vuelto una rutina para mí ir hacia aquella cafetería, pedir simplemente un café y quedándome observándola, admirándola. Su voz era un coro de ángeles para mis oídos cuando ella se acercaba con su pequeña libreta para anotar mi habitual pedido. Nunca me había animado a decirle absolutamente nada sobre mi razón por la cual estar ahí cada santo día. Hasta aquellos horribles, con tormenta o nevada. Nada me alejaría de ese lugar, nada me impediría verla unos cuantos minutos para luego, estar el resto del día pensando en ella.
— Tiene asistencia perfecta, señor. Veo que tenemos clientes muy fieles —Comentó un día cuando se iba acercando a mí con su usual sonrisa.
La miré como siempre lo hacía. Estaba perfecta, como me tenía acostumbrado. Por debajo del delantal negro, llevaba unos jeans y remera blanca mangas cortas. Su largo pelo estaba recogido en una media colita mientras su flequillo le caía de forma diagonal sobre la frente.
— No hay mejor cafetería que esta, te lo aseguro. Me llamo Harry, ¿y tú? —Pregunté aprovechando el pie que ella me había dado para comenzar una conversación, aunque sea pequeña.
— Mollie. Mucho gusto, Harry. ¿Lo mismo de siempre? —Dijo mirándome mientras me entrecerraba los ojos y sonreía mordiéndose el labio inferior. ¿Tenía que ser tan linda? Asentí mientras le devolvía la sonrisa.
Anotó mi pedido en el papel, me miró por una última vez y se volteó para dirigirse hacia adentro.
El día estaba perfecto. El sol alumbraba toda la ciudad mientras pequeñas nubes esponjosas iban apareciendo de a poco. Me sentía feliz, realmente feliz. Mollie… hermoso nombre para una hermosa chica. Realmente, debería juntar valor para poder hablarle y no solo de… café y otras cafeterías. Debía invitarla a salir pero… el valor no era lo mío. Tenía que tomar valentía y afrontarla… una cita, una simple cita para demostrarle que yo era un buen chico pero… ¿cómo? Hasta que yo tomase un poco de valor, ella se… casaría con otro ¡Qué sé yo!
— Hey, Harry… ¿te esteraste de la fiesta de Danny para celebrar el cumpleaños de Tom? —Preguntó Dougie, uno de mis amigos, cuando estábamos yendo hacia mi casa para refugiarnos de la tormenta que se aproximaba.
Negué una vez con la cabeza. No eran uno de mis mejores días, estaba realmente de mal humor. Mis intentos para llamar la atención de Mollie no estaban funcionando. Seguramente, ella estaba pensando que era un cargoso o un sin vida que no tiene nada mejor que hacer que sentarse en una cafetería para pedir todos los días un estúpido café y desperdiciar una hora allí sin hacer nada.
— Danny me dijo que podíamos invitar a alguien, a quien quisiéramos. Él dice que cuanto más personas seamos, mejor. Así que puedes llevar a alguien. Acuérdate, este fin de semana a las nueve de la noche.
La primera persona que se me vino a la mente para iluminarla fue… ella. Respiré hondo. ¿Por qué no? No sería como una cita pero… algo es algo. Me paré en seco, miré mi reloj y comprobé que estaba en el límite de la hora para poder verla antes de que su turno terminara.
Sin explicarle nada a Doug, me volteé para comenzar a correr en busca de su aceptación.
La llovizna comenzó para azotarme mientras la esperaba enfrente de la cafetería. No me importó en absoluto. Estaba emocionado, expectante, nervioso. Ya quería verla, quería hablarle… la necesitaba.
De pronto la vi. Salió riéndose mientras abría un gran paraguas negro. Ese día estaba vestida con un simple vestido azul marino con escote en V y que le llegaba hasta sus rodillas. Estaba perfecta, como siempre. Miré a ambos lados antes de cruzar la calle y me dirigí hacia ella.
— ¡Hey, Mollie! —Exclamé mientras agitaba un brazo para que me viera. Ella levantó su vista y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
— Emm…. Harry, ¿no es cierto? —Preguntó mientras intentaba recordar si estaba en lo correcto.
— Así es. ¿Cómo te encuentras?
— Bastante… apurada. Estoy llegando algo justa, debo estar en la universidad dentro de… —Dijo mientras miraba su reloj — quince minutos.
— Bueno, seré rápido entonces. Mira, sé que no nos conocemos pero… bueno, me preguntaba si quisieras venir conmigo a una fiesta de un amigo. Es este fin de semana a unas cuadras de acá.
Me miró sorprendida y mordió su labio inferior. Pude ver como sus mejillas se coloreaban y me pareció muy tierno de su parte. Esperé expectante. Sentía como el corazón quería salir de mi pecho.
— Harry no sé… yo…
— No acepto un no como respuesta —La interrumpí — No la tomes como una cita si no quieres, una simple… salida de amigos.
Sonrió y volvió a mirar su reloj.
— Acepto. Ten, este es mi número, luego hablamos para arreglar todo los detalles, ¿de acuerdo? —Contestó mientras escribía en mi mano su número telefónico con una lapicera que había sacado del bolsillo de su cartera.
Asentí mientras observaba como sujetaba mi mano con fuerza. Su tacto era suave y dulce. Alzó la vista dos segundos, se acercó para besar mi mejilla, y volteó para poder irse rápidamente.
De a poco su perfecta figura se perdió en el horizonte. Miré mi mano. No podía creer que lo había hecho, finalmente.
— Tiene asistencia perfecta, señor. Veo que tenemos clientes muy fieles —Comentó un día cuando se iba acercando a mí con su usual sonrisa.
La miré como siempre lo hacía. Estaba perfecta, como me tenía acostumbrado. Por debajo del delantal negro, llevaba unos jeans y remera blanca mangas cortas. Su largo pelo estaba recogido en una media colita mientras su flequillo le caía de forma diagonal sobre la frente.
— No hay mejor cafetería que esta, te lo aseguro. Me llamo Harry, ¿y tú? —Pregunté aprovechando el pie que ella me había dado para comenzar una conversación, aunque sea pequeña.
— Mollie. Mucho gusto, Harry. ¿Lo mismo de siempre? —Dijo mirándome mientras me entrecerraba los ojos y sonreía mordiéndose el labio inferior. ¿Tenía que ser tan linda? Asentí mientras le devolvía la sonrisa.
Anotó mi pedido en el papel, me miró por una última vez y se volteó para dirigirse hacia adentro.
El día estaba perfecto. El sol alumbraba toda la ciudad mientras pequeñas nubes esponjosas iban apareciendo de a poco. Me sentía feliz, realmente feliz. Mollie… hermoso nombre para una hermosa chica. Realmente, debería juntar valor para poder hablarle y no solo de… café y otras cafeterías. Debía invitarla a salir pero… el valor no era lo mío. Tenía que tomar valentía y afrontarla… una cita, una simple cita para demostrarle que yo era un buen chico pero… ¿cómo? Hasta que yo tomase un poco de valor, ella se… casaría con otro ¡Qué sé yo!
— Hey, Harry… ¿te esteraste de la fiesta de Danny para celebrar el cumpleaños de Tom? —Preguntó Dougie, uno de mis amigos, cuando estábamos yendo hacia mi casa para refugiarnos de la tormenta que se aproximaba.
Negué una vez con la cabeza. No eran uno de mis mejores días, estaba realmente de mal humor. Mis intentos para llamar la atención de Mollie no estaban funcionando. Seguramente, ella estaba pensando que era un cargoso o un sin vida que no tiene nada mejor que hacer que sentarse en una cafetería para pedir todos los días un estúpido café y desperdiciar una hora allí sin hacer nada.
— Danny me dijo que podíamos invitar a alguien, a quien quisiéramos. Él dice que cuanto más personas seamos, mejor. Así que puedes llevar a alguien. Acuérdate, este fin de semana a las nueve de la noche.
La primera persona que se me vino a la mente para iluminarla fue… ella. Respiré hondo. ¿Por qué no? No sería como una cita pero… algo es algo. Me paré en seco, miré mi reloj y comprobé que estaba en el límite de la hora para poder verla antes de que su turno terminara.
Sin explicarle nada a Doug, me volteé para comenzar a correr en busca de su aceptación.
La llovizna comenzó para azotarme mientras la esperaba enfrente de la cafetería. No me importó en absoluto. Estaba emocionado, expectante, nervioso. Ya quería verla, quería hablarle… la necesitaba.
De pronto la vi. Salió riéndose mientras abría un gran paraguas negro. Ese día estaba vestida con un simple vestido azul marino con escote en V y que le llegaba hasta sus rodillas. Estaba perfecta, como siempre. Miré a ambos lados antes de cruzar la calle y me dirigí hacia ella.
— ¡Hey, Mollie! —Exclamé mientras agitaba un brazo para que me viera. Ella levantó su vista y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
— Emm…. Harry, ¿no es cierto? —Preguntó mientras intentaba recordar si estaba en lo correcto.
— Así es. ¿Cómo te encuentras?
— Bastante… apurada. Estoy llegando algo justa, debo estar en la universidad dentro de… —Dijo mientras miraba su reloj — quince minutos.
— Bueno, seré rápido entonces. Mira, sé que no nos conocemos pero… bueno, me preguntaba si quisieras venir conmigo a una fiesta de un amigo. Es este fin de semana a unas cuadras de acá.
Me miró sorprendida y mordió su labio inferior. Pude ver como sus mejillas se coloreaban y me pareció muy tierno de su parte. Esperé expectante. Sentía como el corazón quería salir de mi pecho.
— Harry no sé… yo…
— No acepto un no como respuesta —La interrumpí — No la tomes como una cita si no quieres, una simple… salida de amigos.
Sonrió y volvió a mirar su reloj.
— Acepto. Ten, este es mi número, luego hablamos para arreglar todo los detalles, ¿de acuerdo? —Contestó mientras escribía en mi mano su número telefónico con una lapicera que había sacado del bolsillo de su cartera.
Asentí mientras observaba como sujetaba mi mano con fuerza. Su tacto era suave y dulce. Alzó la vista dos segundos, se acercó para besar mi mejilla, y volteó para poder irse rápidamente.
De a poco su perfecta figura se perdió en el horizonte. Miré mi mano. No podía creer que lo había hecho, finalmente.