<meta name='google-adsense-platform-account' content='ca-host-pub-1556223355139109'/> <meta name='google-adsense-platform-domain' content='blogspot.com'/> <!-- --><style type="text/css">@import url(https://www.blogger.com/static/v1/v-css/navbar/3334278262-classic.css); div.b-mobile {display:none;} </style> </head><body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/6600286002084926037?origin\x3dhttp://homeiswheretheheartiis.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
Fear
less ♥
I don't know why but with you I'd dance in a storm in my best dress
withoutyou

Choffa. 18/O8
view complete profile.
Me on Twitter.

Me on Fotolog. Me on Tumblr Me on Deviantart
lonelymind

A hundred days
have made me older
Since the last time
that I saw your pretty face
A thousand lies
have made me colder
Lovely People

Valee Meri Camii Melii Ingrid Miky Albana Isa Aldana McFlyExpedients No sé el nombre xD Alex Alex2 Josie Iaaru TheSatsArg
themiles

1 2 3
Walk In The Sun II
domingo, 17 de enero de 2010

A veces las cosas no ocurren como a uno le gustarían que ocurriesen. Cuando la felicidad finalmente toca a tu puerta e ilumina todo aquello que alguna vez fue negro, no puedes pretender que dure para siempre y es allí, en ese momento, cuando aquello oscuro y tenebroso vuelve a envolverte y, poco a poco, el miedo vuelve a dominarte. Hay alegrías, claro está, pero no son lo suficientemente buenas como para hacer desaparecer lo malo. No son lo suficientemente buenas como aquella felicidad que en algún momento sentiste.
Él se había ido luego de un año maravilloso, lleno carcajadas que retumban en los recuerdos, lleno de una felicidad que ahora es simplemente una película vieja, lleno de amor que, lentamente, había perdido su sentido.
Había sido en otoño, una semana después de nuestro primer aniversario cuando él me había dado la noticia de su partida. Se lo notaba triste y preocupado pero, ¿tenía que irse realmente? Nuestra vida era perfecta juntos. Él podía robarme una sonrisa cuando quisiese, hasta dormida. Soñaba con su mirada penetrante, con sus brazos envolviéndome cuidadosamente, como si fuese de porcelana, protegiéndome de todo aquel que quisiese hacerme mal. Él era tan sobreprotector, tan divertido, tan único conmigo. Yo estaba perdidamente enamorada de él, de su personalidad, de su alma… lo amaba y él decidía abandonarme. ¿Eso era justo?
- ¿Te vas? ¿Adónde? – Pregunté mientras las inevitables lágrimas caían desde mis ojos hacia el vacío. Me solté de sus brazos y lo miré frustrada. Él nunca me había dicho sus planes de estudio. Nunca me había dicho nada de su viaje y viene de un día para el otro a… ¿Despedirse? ¡¿Pero qué pensaba?! ¿Qué no me iba a doler? ¿Qué no iba a sufrir?
- Me iré a Oxford. Comenzaré la facultad allí – Contestó intentando acercarse. Pero por cada paso que él daba hacia adelante, yo daba uno hacia atrás. No quería que me tocase. No quería nada, solo una buena explicación – No llores, por favor.
- ¿Me pides que no llore? ¡Eres un idiota! ¿Por qué nunca me dijiste nada sobre esto? ¿Por qué nunca me dijiste que estabas planeando irte a Oxford? ¿Para qué no sufra, acaso? ¡Pues, mírame! No me estás haciendo feliz, si no te das cuenta. Me estas rompiendo el corazón. No puedo vivir sin ti y no te importa… te vas como si yo fuese algo que puedes abandonar de un día para el otro. ¡No es así, Daniel! – Grité desesperada. Sentía una gran opresión en el pecho, un gran dolor donde, originalmente, estaba mi corazón. Golpeé con furia su pecho intentando desahogarme. Él, como si yo fuese una debilucha; en sí lo era, agarró mis muñecas y trató de que me calmase. Algo imposible - ¿Acaso yo no te importo? – Pregunté con un hilo de voz y mirándolo, rogándole con los ojos que se quedara.
- ¿En serio me estás preguntando eso? Yo te amo, Stephy – Respondió acariciando con suavidad mi mejilla. Era un gesto de él que me encantaba y lograba tranquilizarme. Él lo sabía - ¡Ya sé! ¿Por qué no vienes conmigo a Oxford? Aun hay vacantes.
Su sonrisa era enorme. Se notaba que la idea lo emocionaba y, a decir verdad, a mi también. Pero, no todo ocurre como nosotros quisiéramos, ya lo he dicho.
Danny me acompañó a casa contándome todos los detalles sobre la facultad, el lugar, los estudios. Se notaba ansioso y feliz con la idea de estudiar donde él quería y de lo que él quería. Me dejo en la puerta de casa, haciéndome prometer que lo llamase en cuanto mis padres sepan la noticia de Oxford. A mí no me preocupaba la idea de que mis padres supiesen sobre los planes de Danny de ir a aquella universidad, sino que no les agradaría que yo quisiese irme con él. Ellos estaban planeando mi futuro junto al de mi hermano en una universidad en California. Lo sabía, muchas veces los había escuchado hablar sobre ello. Nunca tuve ninguna objeción sobre ese plan, hasta ese momento. Yo quería hacer lo que me dictase el corazón, como siempre había hecho. En ese momento, mi corazón estaba junto al de Danny. No quería separarme de él de ningún modo.
- No. Ya tenemos todo listo. El mes que viene, tu hermano y tú se irán a la Universidad de California. No hay vuelta atrás. Y no insistas, Stephenie, no vamos a cambiar de opinión – Contestó mi papá levantando la mirada de su periódico para mirarme por dos segundos.
Yo estaba enfrente de él, furiosa. Me sentía tan impotente. No podía hacer nada sin su permiso, ellos eran los que tenían que hablar, los que tenían que llamar y arreglar todo. Para ellos mi destino estaba en California. ¡Qué equivocados estaban! Rompí en un ruidoso y desesperado llanto. La única esperanza de estar junto a Danny se desvanecía delante de mis ojos sin que yo pudiese hacer nada.


Era una mañana gris. La lluvia estaba a punto de largarse con toda su furia. Hacía frío y el sol no planeaba salir en todo el día. Mi ánimo acompañaba al clima perfectamente. El viento bailaba zigzagueante, enredándo los mechones de mi rebelde flequillo.
- Prométeme que me llamarás todos los días. Que pensarás en mí siempre y que… me amarás aunque estemos tan lejos – Dije mientras nuestras frentes se apoyaban una a la otra. No pude evitar que unas pequeñas lágrimas cayeran. Me sentía terrible. Sentía que la mitad de mí se estaba yendo. Sentía como mi corazón se escabullía entre mis dedos sin que yo pudiese agarrarlo.
- Lo prometo. Siempre te amaré, Stephy – Respondió mirándome fijamente a los ojos.
Poco a poco fuimos sintiendo como la lluvia decía presente. Las gotas caían pesadas y lentamente sobre nosotros mojándonos. Él me sonrió y supe que era hora de que se fuera.
Me abrazó fuertemente, y yo hice lo mismo. No quería soltarlo más. Lo necesitaba conmigo para poder vivir. Con él, se estaba yendo una gran parte de mí. Tomó de mi rostro con dulzura y acerco, por última vez, sus labios a los míos. Cerré mis ojos intentado memorizar como era ese sentimiento de libertad y felicidad cuando nuestros labios estaban unidos. Eran sentimientos que no iba a poder disfrutar por un largo tiempo. Acaricio mi mejilla una vez más y luego se dio vuelta hacia su automóvil para comenzar su viaje hasta Oxford.
Yo me quedé inmóvil viendo como el vehículo desaparecía en el horizonte, esperando y deseando con todo mi ser, volverlo a ver pronto y que estuviésemos juntos por siempre.
El tiempo fue pasando de a poco. Al mes, junto a mi hermano, nos mudamos a California para comenzar la facultad allí. Todos los días esperaba ansiosa aquella llamada que pudiese calmar un poco las penas del corazón.
Las primeras semanas fueron realmente duras, no me acostumbraba a estar sin él. Verdaderamente, lo necesitaba pero cuando él me llamaba, todas aquellas feas sensaciones desaparecían. Aunque, con el correr del tiempo, su voz sonaba diferente, sin emoción, sin alegría. Muchas veces intenté preguntarle si le ocurría algo pero él desviaba el tema.
Luego, al poco tiempo, las llamadas fueron menos recurrentes. Y, aunque yo debía estudiar, me pasaba todo el día al lado del teléfono esperando con la esperanza a flor de piel a que suene.
Al final, el teléfono no volvió a sonar más y mis esperanzas de saber sobre él, de verlo y de oírlo fueron desapareciendo de a poco, dejándome vacía nadando contra la corriente intentando no hundirme. Todo parecía un gran desafío si él no estaba a mi lado.