Never Stop Falling in love [Walk In The Sun III]
domingo, 17 de enero de 2010
Desde que él se había ido, apenas podía respirar. Pero por favor, ¡fue hace tres años!, me repetía siempre mi ‘conciencia’.
Pero algo de razón tenía. No podía vivir sobre la idea de que algún día volvería… No podía.
Mi vida no-amorosa no era tan mala. Tenía buenas amigas, una excelente familia –Y por familia me refería a mi hermano. Ya que mis padres fueron una de las causas por las que me sentía infeliz – y un buen estado económico.
Pero no podía sobrevivir, sentía que era un robot. De esos que hacen exactamente lo mismo todos los días. Sentía como si tuviera el corazón con curitas, y poco a poco se iban despegando, para causar más dolor.
Tan mal me sentía que le tenía miedo al compromiso. En realidad… tenía miedo de enamorarme.
— Hey Steph, ¿me pasas la sal? — Dijo mi hermano dos años menor, Matt.
— Sí, toma. — La apoyé en la mesa y el la agarró. Ambos éramos algo supersticiosos. —
— Escucha. ¿Quieres ir a Starbucks mañana?.. Dicen que estará soleado.
— ¿Soleado? ¿En Londres? Por favor… — Rodé los ojos.
— Tú dices eso porque vivimos un año en California. Creo que ni las nubes nos quieren ahora.
— No me hagas acordar. El peor año de toda mi vida.
— ¿Sigues con eso? Por dios Steph, ¡fue hace tres años! ¡Supéralo!
— No quiero hablar de eso Matt. — Hizo un gesto de ‘eres insoportable’ y me abrazó. Era tan comprensible, aunque sabía que solo pretendía entenderme, aunque no lo hacía. El sólo tenía el deber de abrazarme en los momentos que yo lo necesitaba.
— Te despertaré temprano. — Asentí y fui a acostarme.
Tuve pesadillas. Otra vez. En unos meses se cumplirían tres años consecutivos.
Mi hermano me despertó a las ocho de la mañana. Se había tomado en serio lo de ‘temprano’.
Me aseé, me maquillé un poco y me puse una remera musculosa blanca con shorts negros y converses. Nada del otro mundo.
— ¡Vamos! ¡No quiero esperar a que se llene! — Si que era un adicto.
Caminamos dos cuadras en silencio hasta llegar. Sólo había una cola de dos personas. Me sorprendía lo exagerado que podía llegar a ser mi hermano.
— ¿Qué ordenarás? — Me preguntó Natalie, la chica de la caja
— Lo de siempre. — Reímos y pagué. Fui al baño, no sé porqué. Pero fui igual. Era de esas chicas no que necesitaban mirarse al espejo, si no de las que no podían quedarse quietas en un lugar. Por eso fui ahí.
Cuando volví hacia donde entregaban los pedidos. Un ‘Danny’ resonó en mi cabeza muchas veces. Odiaba escuchar ese nombre.
— Aquí estoy, lo lamento. Estaba… pensando. — Conocía a esa voz que siempre se lamentaba y se excusaba por cosas tontas. Conocía ese acento. Conocía esa voz tan gruesa. Simplemente no podía creer que tenía a esa persona adelante mío. Esa persona que me quitó el sueño durante tres largos años. Esa persona que cada vez que veía, mariposas comenzaban a saltar en mi estómago. Esa persona por la cual sufrí tanto… — ¿¡¿¡Stephanie?!?! —
Ahh, esa palabra, que de hecho era mi nombre, hizo que mis piernas temblaran.
No sabía que decir. ¿Qué podría decir? ‘¡Hola Danny! Tanto tiempo, ¿cómo has estado?’
— ¿Estás bien, Stephy? — Oh, amaba que me dijera de ese modo. Pero, ¡tenía que reaccionar primero!
— Sí… lo, lo lamento… mucha información junta para mi cerebro…— El sonrió. ¡Esa sonrisa, cual no veía hace 3 años! Pero la anhelaba con todo mi ser.
— ¿Quieres… sentarte? — ¿Qué? ¿Sentarme? ¡¿Cómo es que era tan bueno después de todo lo que había pasado?!
— Si… pero… ¿Dónde está mi hermano? — Dije buscándolo con la vista. Lo vi afuera tomando su frappuccino. Quizás ya había visto a Danny — Ehm… — ¿Ehm? ¡¿Eso es lo más ingenioso que se te ocurre decir?!
— Ahm…— Reímos. — Escucha… no quiero perder ni un segundo más. Solo quiero que sepas que eres la única para mí y que lamento mucho todo lo que pasamos. Solo quiero que ahora todo sea mejor entre nosotros. Quizás tu no me ames más, yo se que lo hago. Pero necesito que digas algo. Que me digas cuanto me extrañaste, no importa que me mientas. Necesito un abrazo, necesito escuchar tu voz todos los días. Necesito salir a dar nuestro paseo de domingos. Necesito tu risa, tu calor. Te necesito a ti más que a nadie en el mundo.
Otra vez, me quedé en blanco. Había dado casi un discurso sobre lo mucho que me amaba y que me necesitaba. ¡Pero yo no era buena para cosas repentinas! Si quería dar un discurso así, debía prepararlo días antes.
— Danny… tú sabes que te amé. Demasiado. — Estaba por interrumpirme, pero no lo dejé — Y ojalá sepas que siempre te amaré. Más que a nadie en el mundo. Y que te necesito más que la luna necesita el mar. — Reí por lo estúpido que había sonado eso. — Te amo más de lo que llegué a amar a alguien en toda mi vida. Y eso que solo tengo 22 años. Te amé, te amo, y te amaré por siempre. Claro… si tu quieres ser amado por una persona que no sabe expresarse después de un discurso de amor. — Rió y se acercó más a mí para abrazarme.
Otra vez, estábamos juntos. No habíamos dicho nada, pero ambos lo sabíamos. Nada podría arruinar mi vida. Sólo el, pero sé que no se iría de mi lado. El estaría cuando me sintiera mal, cuando me sintiera bien. Cuando necesitara un abrazo. Cuando necesitara llorar. Todo sería perfecto junto a él. No importaba sentirme mal ya que él estaría para consolarme.
— Te amo. — Dijo y me besó.
T H E E N D
[Escrito por Meri]
Pero algo de razón tenía. No podía vivir sobre la idea de que algún día volvería… No podía.
Mi vida no-amorosa no era tan mala. Tenía buenas amigas, una excelente familia –Y por familia me refería a mi hermano. Ya que mis padres fueron una de las causas por las que me sentía infeliz – y un buen estado económico.
Pero no podía sobrevivir, sentía que era un robot. De esos que hacen exactamente lo mismo todos los días. Sentía como si tuviera el corazón con curitas, y poco a poco se iban despegando, para causar más dolor.
Tan mal me sentía que le tenía miedo al compromiso. En realidad… tenía miedo de enamorarme.
— Hey Steph, ¿me pasas la sal? — Dijo mi hermano dos años menor, Matt.
— Sí, toma. — La apoyé en la mesa y el la agarró. Ambos éramos algo supersticiosos. —
— Escucha. ¿Quieres ir a Starbucks mañana?.. Dicen que estará soleado.
— ¿Soleado? ¿En Londres? Por favor… — Rodé los ojos.
— Tú dices eso porque vivimos un año en California. Creo que ni las nubes nos quieren ahora.
— No me hagas acordar. El peor año de toda mi vida.
— ¿Sigues con eso? Por dios Steph, ¡fue hace tres años! ¡Supéralo!
— No quiero hablar de eso Matt. — Hizo un gesto de ‘eres insoportable’ y me abrazó. Era tan comprensible, aunque sabía que solo pretendía entenderme, aunque no lo hacía. El sólo tenía el deber de abrazarme en los momentos que yo lo necesitaba.
— Te despertaré temprano. — Asentí y fui a acostarme.
Tuve pesadillas. Otra vez. En unos meses se cumplirían tres años consecutivos.
Mi hermano me despertó a las ocho de la mañana. Se había tomado en serio lo de ‘temprano’.
Me aseé, me maquillé un poco y me puse una remera musculosa blanca con shorts negros y converses. Nada del otro mundo.
— ¡Vamos! ¡No quiero esperar a que se llene! — Si que era un adicto.
Caminamos dos cuadras en silencio hasta llegar. Sólo había una cola de dos personas. Me sorprendía lo exagerado que podía llegar a ser mi hermano.
— ¿Qué ordenarás? — Me preguntó Natalie, la chica de la caja
— Lo de siempre. — Reímos y pagué. Fui al baño, no sé porqué. Pero fui igual. Era de esas chicas no que necesitaban mirarse al espejo, si no de las que no podían quedarse quietas en un lugar. Por eso fui ahí.
Cuando volví hacia donde entregaban los pedidos. Un ‘Danny’ resonó en mi cabeza muchas veces. Odiaba escuchar ese nombre.
— Aquí estoy, lo lamento. Estaba… pensando. — Conocía a esa voz que siempre se lamentaba y se excusaba por cosas tontas. Conocía ese acento. Conocía esa voz tan gruesa. Simplemente no podía creer que tenía a esa persona adelante mío. Esa persona que me quitó el sueño durante tres largos años. Esa persona que cada vez que veía, mariposas comenzaban a saltar en mi estómago. Esa persona por la cual sufrí tanto… — ¿¡¿¡Stephanie?!?! —
Ahh, esa palabra, que de hecho era mi nombre, hizo que mis piernas temblaran.
No sabía que decir. ¿Qué podría decir? ‘¡Hola Danny! Tanto tiempo, ¿cómo has estado?’
— ¿Estás bien, Stephy? — Oh, amaba que me dijera de ese modo. Pero, ¡tenía que reaccionar primero!
— Sí… lo, lo lamento… mucha información junta para mi cerebro…— El sonrió. ¡Esa sonrisa, cual no veía hace 3 años! Pero la anhelaba con todo mi ser.
— ¿Quieres… sentarte? — ¿Qué? ¿Sentarme? ¡¿Cómo es que era tan bueno después de todo lo que había pasado?!
— Si… pero… ¿Dónde está mi hermano? — Dije buscándolo con la vista. Lo vi afuera tomando su frappuccino. Quizás ya había visto a Danny — Ehm… — ¿Ehm? ¡¿Eso es lo más ingenioso que se te ocurre decir?!
— Ahm…— Reímos. — Escucha… no quiero perder ni un segundo más. Solo quiero que sepas que eres la única para mí y que lamento mucho todo lo que pasamos. Solo quiero que ahora todo sea mejor entre nosotros. Quizás tu no me ames más, yo se que lo hago. Pero necesito que digas algo. Que me digas cuanto me extrañaste, no importa que me mientas. Necesito un abrazo, necesito escuchar tu voz todos los días. Necesito salir a dar nuestro paseo de domingos. Necesito tu risa, tu calor. Te necesito a ti más que a nadie en el mundo.
Otra vez, me quedé en blanco. Había dado casi un discurso sobre lo mucho que me amaba y que me necesitaba. ¡Pero yo no era buena para cosas repentinas! Si quería dar un discurso así, debía prepararlo días antes.
— Danny… tú sabes que te amé. Demasiado. — Estaba por interrumpirme, pero no lo dejé — Y ojalá sepas que siempre te amaré. Más que a nadie en el mundo. Y que te necesito más que la luna necesita el mar. — Reí por lo estúpido que había sonado eso. — Te amo más de lo que llegué a amar a alguien en toda mi vida. Y eso que solo tengo 22 años. Te amé, te amo, y te amaré por siempre. Claro… si tu quieres ser amado por una persona que no sabe expresarse después de un discurso de amor. — Rió y se acercó más a mí para abrazarme.
Otra vez, estábamos juntos. No habíamos dicho nada, pero ambos lo sabíamos. Nada podría arruinar mi vida. Sólo el, pero sé que no se iría de mi lado. El estaría cuando me sintiera mal, cuando me sintiera bien. Cuando necesitara un abrazo. Cuando necesitara llorar. Todo sería perfecto junto a él. No importaba sentirme mal ya que él estaría para consolarme.
— Te amo. — Dijo y me besó.
T H E E N D
[Escrito por Meri]